En estos días desde el rescate he pensado en mis compañeros y compañeras. En la gente que nos ayudó de una u otra manera. Siento admiración y respeto hacia ellos y ellas, y por extensión hacia toda persona que haya llevado a cabo un Rescate Abierto participando de la manera que sea. He pensado mucho en esas siete afortunadas pequeñuelas que han obtenido una nueva vida en libertad. He podido contemplar cómo van recobrando la salud: recuperan sus plumas, sus crestas ganan color, sienten curiosidad por lo que les rodea. Son magníficas. Desgraciadamente he pensado también en todas las gallinas que no tuvieron su buena suerte. Es duro pensar en ellas, en nuestras limitaciones a la hora de rescatar a un número determinado. Pensar en que siguen allí día y noche. Pero la verdad, me quedo con lo positivo de este Rescate Abierto. Espero que el vídeo sea visto y ayude a generar un debate. Espero que la gente que lo vea hable sobre ello. Es la única manera de empezar a comprender el sufrimiento físico y psicológico que padecen los animales como consecuencia de nuestros hábitos cotidianos.
Sólo puedo decir que he estado en el interior de una granja industrial de 100.000 gallinas y nunca había estado en un sitio tan aterrador. Recuerdo el miedo en sus ojos, el putrefacto olor a amoniaco de sus excrementos, el hacinamiento extremo al estilo campo de concentración. También recuerdo a las gallinas más débiles y enfermas siendo pisoteadas por sus compañeras de jaula. A las gallinas heridas y sin plumas. Si la ley dice que he cometido un delito, yo opino que mi único "delito" reprobable es no haber podido socorrer a más gallinas. Vivimos en un mundo al revés: es delito socorrer y rescatar a animales moribundos que necesitan ayuda urgente, pero es perfectamente legal convertirlas en máquinas productoras de huevos, forzarlas a padecer cotas de sufrimiento inexplicables. Algún día esto cambiará. Está en manos de todos y todas que ese día llegue cuanto antes. No deberíamos quedar indiferentes ante tanto sufrimiento y desesperación.
Siempre de manera pacífica, siempre explicando por qué estamos allí y que es lo que vamos a hacer. El diálogo sirve para explicar y para hacerse entender. No tenemos por qué esconder lo que estamos haciendo. Le diría a cualquiera: "Soy José Ramón Mallén y soy activista por los derechos de los animales. Somos un Equipo de Rescate de Animales. Formamos parte de la Fundación Equanimal. Estamos aquí para socorrer a las gallinas más débiles y para mostrar a la sociedad qué tipo de vida llevan estas gallinas". Intentaríamos llegar a un acuerdo para salir de allí. Asegurándonos de llevar con nosotros el documento visual (lo que nos hubiese dado tiempo a grabar).