Tenía algo de miedo de hacerle daño al agarrarla. No sabía si tendría alguna enfermedad, algo roto, si le dolía algo...
También sentía el miedo que tenía ella al cogerla y quitarla de la jaula, seguro que la presencia humana nunca había sido algo bueno para ella.
Quizás ella sentiría que la iba a matar, eso era bastante agobiante para mí. Me hubiera gustado poder explicarle, para tranquilizarla, que ella era
una gallina afortunada entre todas las que se quedaban. Para el resto, su destino sería el matadero en cuanto dejaran de ser productivas, ella podría morir de vieja viviendo en libertad en su nueva casa.
Lo que más me llama la atención de las gallinas es que picotean constantemente el suelo y todo lo que ven para buscar comida y explorar el terreno. También ranscan la tierra con las patas para escarbar y seguir picoteando. Se dan baños de tierra escarbando con las patas y revolviendo
el suelo con el pecho y las alas.
De vez en cuando se ponen a correr de un lado para otro extendiendo las alas, como si quisieran alzar el vuelo. También se agitan como hacen los perros al salir del agua, supongo que para desperezarse. Entre ellas tienen una relación muy jerarquizada. Hay una que pica a todas
las demás, otra que pica a todas menos a la jefa y así con todas. A la última no le queda otra que alejarse cuando las demás tienen ganas de fastidiar. Se van a la cama ya cuando está cayendo el sol y se acurrucan entre ellas para darse calor.
Las secuelas físicas de estar en la granja todavía se notan. Todas están desplumadas por alguna parte de su cuerpo, sobre todo cuello y espalda, y muchas tienen el pecho y el culo rojo e hinchado del roce con los hierros de la jaula. Pero da la impresión de que esto no les importa nada, en su
comportamiento se nota un cambio radical desde que llegaron. Incluso la que parece estar peor no deja de explorar el terreno y correr de un lado para otro. Cuando vas a visitarlas vienen corriendo y te picotean los pies si no les das de comer.
Son bastante confiadas, alguna se deja tocar sin asustarse, o si le molestas mucho te pica la mano y listo. Y ninguna tiene reparo en pasarte por encima de los pies y quedarse allí tranquilamente. Ahora empiezan a salirle plumas nuevas, son pequeñas y suaves, como si
fueran pelo. También sus caras y crestas empiezan a coger color rojo, pues cuando llegaron estaban totalmente pálidas por falta de luz del sol. Su nuevo mundo está repleto de nuevas cosas y sensanciones. Cada día pienso en algo nuevo de lo que ha cambiado en sus vidas. Por ejemplo, los sonidos o los olores. Del ruído del cacareo constante de miles de gallinas y de las máquinas han pasado al sonido de los pájaros y el viento. Del olor agobiante a excrementos han pasado al olor de la tierra y la hierba. Da gusto verlas felices con su nueva vida, y pena por todas las demás que se quedaron allí.