El antes y el después. Las gallinas se encuentran en un santuario donde se les ha ofrcido una vida en libertad.
El 14 de Octubre de 2007 el Equipo de Rescate Abierto de Animales de la Fundación Equanimal se sumó a las organizaciones de defensa de los animales de todo el mundo que practican este tipo de rescates. Los Rescates Abiertos tienen como objetivo sacar a la luz pública la realidad oculta de los animales que son explotados en granjas, laboratorios, o en espectáculos de entretenimiento.
En estos rescates se presta ayuda a animales enfermos o heridos que son rescatados para ofrecerles atención veterinaria y una nueva vida en libertad en santuarios de animales o casas de acogida. Donde ya no serán vistos como máquinas productoras de beneficios económicos y pasarán el resto de sus vidas atendidos por personas responsables. Ellos actúan como embajadores ante la sociedad del horror y el sufrimiento padecido por los miles de millones de animales que no pudieron compartir su mismo destino afortunado.
Los Rescates Abiertos de Animales deben su nombre al hecho de que se efectúan a cara descubierta, como se puede comprobar en los reportajes realizados por las diferentes organizaciones.
Asimismo, al introducirse en los centros de explotación animal los Equipos de Rescate Abierto no producen ningún desperfecto en las instalaciones. Su objetivo es que la atención pública y el debate se centre en cómo son forzados a vivir los animales destinados a la producción de beneficios, y no en el método por el que consiguen introducirse en granjas, laboratorios, u otros centros de explotación. Esta es la crónica del Rescate Abierto de siete gallinas y de la investigación llevado a cabo por el Equipo de Rescate Abierto de la Fundación Equanimal en una granja industrial de 100.000 gallinas.
Para los activistas que componemos el Equipo de Rescate Abierto de Animales de la Fundación Equanimal el 14 de Octubre de 2007, Domingo, será recordado como el día en el que fuimos testigos de lo que ocultan las granjas de animales. Amaneció pronto este Domingo en el que la vida de siete gallinas enfermas y debilitadas estaba a punto de cambiar. Un día en el que el Equipo de Rescate Abierto brindaría a la sociedad la oportunidad de contemplar las consecuencias reales que tienen nuestros hábitos alimenticios para millones de animales.
El Equipo de Rescate Abierto lo formábamos en esta ocasión Olaia Freiría, Jennifer Alvarado y José Ramón Mallén , todos nosotr@s activistas de Equanimal. También se sumaron voluntarios y voluntarias que prestaron su ayuda de manera desinteresada y a los que la Fundación Equanimal agradece su arrojo y apoyo. A primera hora nos reunimos en el vehículo en el que nos desplazamos hasta la planicie castellana, lugar en donde se encuentra la granja de gallinas seleccionada. Una de tantas que salpican el paisaje y que solemos dejar atrás en la carretera cuando conducimos nuestros vehículos.
De camino en la carretera los miembros del Equipo de Rescate Abierto de Animales comprobamos nuestras mochilas para asegurarnos de llevar todo lo necesario. También comprobamos la carga de la batería de la cámara de vídeo y de las dos baterías de repuesto. El documento visual es sin duda el más importante de todos: es el que brinda la oportunidad de ver con nuestros propios ojos la vida que las gallinas son forzadas a llevar.
Se estableció un protocolo de bioseguridad para no introducir virus o agentes patógenos al interior de la granja. Hay que tener en cuenta que las gallinas de estas granjas viven en condiciones de hacinamiento tan extremo que padecen niveles de estrés y sufrimiento muy elevados. Esto produce un efecto inhibidor en su sistema inmunológico, que no es capaz de combatir las enfermedades, las cuales se extienden rápidamente por las gallinas de la granja.
Previamente habíamos realizado tres visitas de vigilancia a la granja de gallinas para establecer el momento más oportuno para llevar a cabo el rescate. En estas visitas de vigilancia se dio el visto bueno a la granja seleccionada y se comprobó la viabilidad de introducirse en su interior sin causar daños a la propiedad. También se seleccionaron los puntos de entrada y salida del perímetro de la granja, y el lugar de espera del vehículo encargado de dejar y recoger al Equipo de Rescate Abierto. También es importante comprobar si los móviles tienen cobertura dentro y fuera de la granja. En estas visitas ya encontramos en el exterior cuerpos de gallinas muertas en estado de descomposición, e innumerables huevos rotos amontonados dentro del recinto vallado de la granja de gallinas. El hedor indescriptible de las proximidades de la granja presagiaba la escena que íbamos a encontrar en el interior.
Días antes se había detallado con precisión la manera de actuar desde que el vehículo dejara al Equipo de Rescate Abierto en las proximidades de la granja, pasando por cómo introducirse en el interior y cómo actuar una vez dentro. Es de gran ayuda saber de antemano cómo y qué documentar, y el orden en que hacerlo. Igualmente importante es saber cómo actuar en caso de que algo salga mal.
Una vez nos bajamos del vehículo se saltó la valla exterior con precaución de no quedar enganchados en los alambres de espino. Tras esto nos pusimos nuestros trajes de bioseguridad y máscaras antivirus. Mientras se vigilaba desde el exterior de la granja nos introducimos por un ventanuco del muro exterior de 50 por 50cms. El tiempo estipulado de permanencia en el interior era de 90 minutos. El reloj empezó a correr.
Una vez en el interior comprobamos que el hedor era indescriptible. El sonido de las decenas de miles de gallinas hacía difícil la comunicación. Se dejó todo el equipo y las cajas para el transporte de las gallinas en una esquina de la nave. Trabajar desde una esquina permite no inquietar tanto a las gallinas como si se hace desde el centro de los largos pasillos. Los miembros del Equipo de Rescate Abierto de Animales nos pusimos los guantes de látex siempre con la intención de no contagiar a las gallinas con posibles virus o gérmenes. Cada vez que se tocaba a una gallina nos quitábamos el par de guantes y nos poníamos unos nuevos, de esta manera no contagiábamos posibles enfermedades entre las gallinas.
Se procedió en primer lugar a tomar las medidas de las jaulas y de la nave y contar el número de pasillos. La intención de esto es contabilizar el número total de gallinas en la nave. La granja de gallinas seleccionadas contaba con dos naves similares. Un total de 100.000 gallinas convivían en ellas. Siete gallinas se hacinaban en cada jaula de 61cms de largo por 58 de ancho y 52 de alto. En algunas jaulas eran ocho el número de gallinas. Los pasillos medían 100 interminables metros. Todo quedó documentado.
En varias jaulas el Equipo de Rescate Abierto encontró gallinas muertas en estado de descomposición. El resto de compañeras de jaulas eran forzadas a vivir sobre sus cuerpos. Se retiraron todas las gallinas muertas para evitar al resto de compañeras tener que vivir con un cuerpo en descomposición. Era lo mínimo y a la vez lo máximo que podíamos hacer por ellas. Aunque nuestras emociones se disparaban, debíamos permanecer centrados para que todo saliera bien.
Como es norma en el Rescate Abierto de Animales buscamos entonces a aquellas gallinas que estuvieran en peores condiciones de salud para rescatarlas y poder prestarles atención veterinaria. En esta ocasión había plaza para siete. Lo peor es verse obligado a dejar atrás a las que no podíamos rescatar. Ellas no podrán disfrutar de los rayos de sol y la hierba, del aire y las atenciones en una nueva vida. Estábamos allí dentro para ayudar, pero la más efectiva de las ayudas para aquellas decenas de miles de gallinas, así como para el resto de animales explotados en las granjas ha de provenir de fuera: es responsabilidad de todos y cada uno de nosotros. Nuestros hábitos alimenticios pueden ser una condena para los animales o la solución a su sufrimiento. Es a la hora de hacer la compra cuando más efectivamente podemos ayudar a los animales. Infórmate aquí de cómo conseguirlo .
Ahora, las siete gallinas rescatadas viven su nueva vida en libertad en un ambiente óptimo para ellas. Probablemente nunca podrán deshacerse del todo del temor que acumularon y, si tienen sueños, puede que les sobrevengan pesadillas de los oscuros días en la granja. Unos días que para el resto de sus compañeras, las desafortunadas gallinas que el Equipo de Rescate Abierto de Animales no pudimos rescatar, acabarán en el matadero, cabeza abajo y degolladas.
En el Equipo de Rescate Abierto de Animales de la Fundación Equanimal somos conscientes de que se nos puede achacar haber infringido la ley. Pero proveer ayuda a animales que de otra manera habrían muerto agónicamente no puede equiparase con un acto delictivo. Documentar la realidad de las granjas de animales para generar un debate social es un acto de responsabilidad, no un acto criminal. Porque cualquier sociedad responsable debe aceptar el debate que aquí se propone. Todos deberíamos poder estar informados sobre las consecuencias que nuestras acciones tienen para los animales. Es algo que debemos a miles de millones de animales no humanos que ahora mismo sufren y enloquecen en jaulas de granjas y mueren en mataderos. Las organizaciones de defensa de los animales tenemos una obligación: posibilitar ese debate que ya se ha retrasado demasiado. Que no se nos criminalice por ello.
Los animales nos necesitan, y en Equanimal, nunca les abandonaremos.